
No pude evitar evocarlos y mirar como el color y el movimiento de los papalotes rompían con la monotonía del cielo azul en esta tarde llena de viento. Ver el vuelo de esos cometas me llevó a esa colonia con entonces calles polvorientas donde pasé la mayor parte de mi vida en Ciudad Juárez. Hoy muchas de sus calles ya están pavimentadas, y a pesar que todo lo que se diga del gobierno de México ha habido avance, pero aún se respira un aire de pobreza, no como antes, pero a 25 ó 30 años después de esos recuerdos sigo viendo gente muy pobre, casi miserable, principalmente gente del extremo sur del país que se van a Juárez en busca de oportunidades de empleo. También veo mucha drogadicción, drogos y dealers en cada esquina.
De un tiempo para acá, de repente y al menor detalle, me han estado asaltando esos recuerdos y hoy el detonante fueron esos malditos papalotes, grandes, coloridos, y muy bonitos, y muy probalemente hechos en China, que en nada se comparan a los que con gran maestría mi hermano y mi papá nos preparaban a los más chicos de la estirpe. De mi papá esa destreza para mover sus manos, dedos, haacer nudos y esas cosas era muy natural, creo que mi hermano las heredó de él. Siempre lo he admirado por eso y en cuanto me enteré que es bonito y bueno reconocer las virtudes de otras personas se lo he dejado saber; por cuestiones ajenas a él, apenas llegó a cuarto de primaria, esto es, no terminó ese grado, pero la destreza, inteligencia, maestría y el profesionalismo para hacer su trabajo dejaría muy avergonzados a dos o tres de mis conocidos que se vanaglorian de ser todos muy "profesionales"; llegó a tanto su sentido de la ética y profesionalismo, que en más de dos veces que su trabajo no lo convenció, que no cobró nada, a pesar de consumirle dos o tres días. Ser profesional no implica ser profesionista, o al revés, no todos los profesionistas son profesionales. El no sabe qué significan las palabras "ser profesional", sin embargo, inconscientemente las practica hasta en la más inicua tarea.
Ellos si eran chingones para todo eso; yo siempe he pensado que tengo dos manos izquierdas y dos pies derechos, tengo la gracia de un hipopótamo para bailar y para el martillo y los clavos (sin albur) parece que agarro el martillo con alguno de mis pies.
Con Steph oliéndole los pedos a Nicolás, y éste corriendo como enano entre los juegos del parque a donde lo llevamos a desfogar la energía propia de un garañon de 20 años, y yo recostado en una banca de madera, con la cabeza colgando, en medio de ese parque rodeado de casas de clase media, de dos pisos, de ladrillo rojo, y el césped y los arbustos cortados casi en forma quirúrjica; y yo y los recuerdos de los pinchis papalotes viniéndoseme a la cabeza. Siempre desee uno en forma de pájaro, de rana, murciélago o qué sé yo. O uno de colores, con cola de plástico en vez de papel crepé; o ya al menos uno con la imagen de superman o batman. Estaba muy cabrón desear o tener algo así, con 9 bocas que mantener estaba cabrón.
Mi papá no fue ingeniero, pero si fue muy ingenioso; creo que su grado máximo de estudios fue también 4to grado; lo desobligado, borracho y malentendido no demerita sus otras virtudes. Como cualquier ser humano tenía sus virtudes y un chingo de defectos. Como me dijo Margarita, una ex-compañera de trabajo casado con un cocinero de la maquila donde trabajábamos al referirse a su esposo: "No creas, él también tiene su don, es un don nadie" y ambos soltamos la carcajada a causa de la dignidad de su esposo, sniff.
Recién que llegamos a Ciudad Juárez, en mi familia éramos usuarios del petróleo, quinqués (nosotros le lamabamos aparatos, no sé porqué) bombillas, mechas y chingos de cerillos ya que duramos, no sé si varios años o varios meses duramos sin electricidad, por mi edad en aquel entonces no lo recuerdo, yo tenía entre 3 y 5 años. Recuerdo que ayudado con la luz que emanaba del quinqué, mi papá hacía figuras con sus manos y dedos, y las figuras se reflejaba en la pared del cuarto que ocupábamos como cocina. Fueron también incontables las noches que, rodeados todos mis hermanos en la mesa, en torno a la luz del quinqué nos peleábamos por un dibujo de mi padre. Le encantaba dibujar caballos, leones e indios norteamericanos y a nosotros nos encantaban sus dibujos.
Volviendo a los papalotes. Hoy acostado a pata tirante en esa banca de madera y con mi cabeza colgando y a pocos metros de mi, Steph detrás del trasero de Nico, me preguntaba, ¿Cómo le hacían mi papá y mi hermano para hacer manualmente los papalotes? Recuerdo que usaban periódicos o hule transparente y varias varas, ¿pero cómo fijaban el periódico o el hule a la vara para que el viento no lo deshiciera tan fácilmente?, ¿Usaban hilo normal, hilo de cañamo, resistol 5000 o cinta para pegar? No sé qué cojones usarían, pero nos divertíamos como condenados cuando ya el papalote estaba hecho, nos íbamos a un campo cercano a las vías del ferrocarril, terreno de unos 200 por 200 metros protegido con alambre de púas, lleno de espinas y hierbajales, el cual albergaba una gran bodega vacía (creo que fue o era almacen de abarrotes).....Y así, ahí pasaba las mejores tardes de mi niñez entre marzo y abril. Haciéndo volar aquel papalote construído de papel periódico, deseando un papalote de verdad.
No doy nada de lo que tengo hoy por volver a esos tiempos porque, aunque fuimos muchos hermanos y teníamos a mis padres, hubo veces que llegamos a carecer de hasta lo más elemental, así que pensar en un papalote "de verdad" era una locura total descartada totalmente.
Y no, no creo que los niños que ví ahora se la estuvieran pasando tan chingón como yo me la pasaba con la mayoría de mis hermanos y hermanas y un montón mas de mocosos de la colonia, tan miserables y al mismo tiempo tan felices como yo, ahí en ese campo lleno de espinas y hierbas, en medio del viento y las polvaderas de Ciudad Juárez típicas en esta temporada.....
Hola Sr. Charro:
ReplyDeleteSu post me trajo muchos recuerdos a mi también.
En el barrio en el que yo vivo, había un señor que hacía papalotes con papel de china y unos palitos como de escoba y nosotros siempre íbamos y le comprabamos (vendía también piñatas pequeñas que él mismo elaboraba) y pues yo creo que todos los que en ese entonces fuimos niños aprendimos a jugar con ese tipo de cosas gracias a él.
Creo que hoy en día son pocos los chavitos a los que les llama la atención jugar con ese tipo de cosas; y su post también me recordó que hasta hace poco yo tenía ganas de comprarles a mis sobrinos unos papalotes (aunque fuera de esos de plástico) y subirnos a la "lomita" que está ahí por mi casa y echarlos a volar.
Creo que dentro de todo fuimos afortunados en tener una niñez así, pues todas esas cosas se atesoran y nunca más se olvidan.
Saludos Sr. Charro, buen inicio de semana y feliz pascua de resurección.
Yo aún recuerdo jugar a los polis y ratas, a los encantados y a darnos de tira-lilazos. En aquellos tiempos no se necesitaba mucho para ser feliz. Gracias por compartir esta historia.
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