No sé qué sentimiento me invadía cada vez que pasaba por la central camionera en Juárez. Creo era nostalgia y al mismo tiempo envidia. Sentía envidia por los que iban y por los que venían. Sentía envidia porque viajaban. Ese sentimiento era no sólo en fechas de cuando la gente sale y viaja, estaba conmigo a lo largo de todo el año, en cuanto veía un camión de trasporte foráneo, me quería trepar a uno e irme a donde fuera. En lo que menos me fijaba era a donde se dirigía, sólo quería conocer el mundo.
Nunca me puse a analizar la razón de mi sentimiento, casi obseción a viajar, a conocer, otros lugares, a escuchar otros acentos, a probar otros sabores y otros sazones. Viajando varias décadas atrás, mi memoria me llevaba a esas largas noches cuando me arrullaba el sonido del tren y mis ojos se cerraban cansados de la oscuridad de la noche, a quellos años cuando mi mamá nos llevaba, a mi hermana y a mi a la estación del ferrocarril de Ciudad Juárez para tomar el tren con destino a Jiménez. Apenas lo recuerdo, salíamos a las 7 u 8 de la noche y la travesía duraba como 12 horas. Fueron varios viajes en tren y tengo razones para odiarlo, pero no, no lo odio. La travesía que se debe hacer en a lo más 9 horas, éste la hacía entre 12 y 14 horas.
Ya de grande y con mis primeros sueldos me di "el lujo" de viajar en camiones de primera clase, y uno de los primero viajes fue a los pueblos de donde mis padres eran originarios. Primero visité un pueblo del norte de Coahuila y luego uno el sur de Chihuahua, entre Parral y Jiménez.
En el segundo pueblo, llegué y toda la familia andaba emocionada por la boda de una de mis primas al día siguiente de mi llegada. Hacía mas de 14 años que no veía a mis primos; creo la última vez que los ví fue cuando terminamos 5to de primaria y ese viaje fue cuando recién acababa de terminar mi carrera, esto es, casi 15 años.
Ese día ahí me quedé. Al siguiente día me levanté, me dí un baño, y a pesar de la relación y buenos recuerdos con ellos, tomé el camión que pasa creo a las 8 de la mañana y me fui a la ciudad más cercana a ese pueblo dizque a almorzar. Llegando a la central camionera de esa ciudad, ví muchos camiones con destinos diferentes, y sin conocer ninguno de esos lugares, no la pensé en treparme en uno de ellos; compré una lata de coca cola, una bolsa de papitas y un boleto a Guachochi; de Guadalupe y Calvo no tenía muy buenas referencias. Hablo de 1997, amén ahora con todo el desmadre y matazones en todo el estado, Guadalupe y Calvo ha de ser un Juárez a escala. Ni de la boda de mi prima me acordé; ja, ni me arrepiento ni nunca me sentí mal, no se pregunten porqué.
Al llegar a Guachochi caía una torrecial lluvia y como la central camionera estaba cerrada me refugié en una tienda de abarrotes- mercería- sala de belleza. Cuando la lluvia paró, me dediqué a caminar el pueblo; de un lado a otro, de norte a sur y luego de sur a norte. A un lado del río , por las acequias que atraviesan el pueblo (Lugar de Garzas, en lengua rarámuri) y por una pequeñas cascadas que hay en el centro del pueblo. Me acuerdo aún de la mirada de desconfianza de los soldados apostados en una casona que servía de cuartel.
Me dió hambre y compré una soda con un una torta de semita y luego ya casi al anochecer, busqué un hotel o algún lugar donde quedarme. Terminé en una habitación con un modesto pero funcional y limpio baño con una toalla, un jabor "Rosa Venus" y un rollo de papel de baño, de esos que te raspan bien culero el ano, en fin, cumplía el propósito, no de rasparte el ano sino limpiarlo. Había tambien una cama individual con sobrecamas limpias y una cobija cuadrada de barbitas, como las que había en la casa de mi madre.
Tomé un camión como a la 1 o dos de la tarde y mi viaje continuó hacia Creel.
Han pasado ya casi 11 anos de ese viaje y no he conocido, sentido, o visto lo que la ruta entre Guachochi y Creel ofrecen. Impresionantes vistas de desfiladeros, nieve (así es, nieve) en julio en el estado de Chihuahua, creo el pueblo se llama Samachique; pinos sobre las rocas y sobre todo, la adrenalina de viajar en una carretera tan accidentada (no fea) pero si peligrosa y con curvas por demás cerradas.
Llegué a Creel como a las 6 pm, sin reservaciones, sin alguna llamada telefónica, de dónde estoy, con quién estoy, de dónde vengo o a dónde voy. Libre. Limpio pero con la ropa de como 3 días. Aún en los escalones del camión alcancé a ver el atardecer más hermoso de mi vida, me recordó a los dibujos que hacía en tercero de primaria: un pueblecito con enormes cerros alrdedor, los cerros forrados de pinos y un sol brillante metiéndose entre dos cerros. Parece que aún estoy ahí disfrutándolo.
Caminé el pueblo de punta a punta y sin ganas de ir a meterme entre cuatro paredes empecé a buscar un hotel como a las 8 de la noche; el chipi chipi de esa tarde -noche y la temperatura me invitaban a que durmiese en la plaza principal del pueblo, pero por consejo de un matrimonio formado de estudiantes de antropología de no sé qué universidad de Puebla, que mas tarde llovería más fuerte, busqué un hotel, creo que pagué 55 pesos la noche. Al día siguiente, sólo me mojé la cara y el pelo y me fui a almorzar a una fonda enseguida de las estación del ferrocarril Che-Pe en Creel. Nunca había comido menudo blanco con semitas.
El viaje siguió por Chihuahua Capital, luego Parral y por último ese pueblo cerca a Parral de donde es originario mi padre.
Siempre he recordado con cierto dejo de nostalgia la libertad. que sentí en ese viaje. Cuánta libertad. Cuánta felicidad. Cuánto placer y felicidad da la libertad. El ir o no ir, hacer o no hacer, subirte a ese camión o al otro; el subirte mañana o pasado mañana.....
¿Porqué este post? Empezando la semana que recién terminó, leí el encabezado de esta nota y dije "pinche vieja loca, ha de ser una desadaptada social", pero al acabar de leer la nota completa me guardé la respiración por varios segundos para sólo pensar cuánto la entendía. y cuántas veces estuve y he estado en sus zapatos. Y me gusta esto para concluir este post: "Sólo quería conocer el mundo".
Charro
P.D: .....Y claro, de dí una repasada a varias escenas de Pan y Tulipanes, del cual el tema central por ahí va.
Nunca me puse a analizar la razón de mi sentimiento, casi obseción a viajar, a conocer, otros lugares, a escuchar otros acentos, a probar otros sabores y otros sazones. Viajando varias décadas atrás, mi memoria me llevaba a esas largas noches cuando me arrullaba el sonido del tren y mis ojos se cerraban cansados de la oscuridad de la noche, a quellos años cuando mi mamá nos llevaba, a mi hermana y a mi a la estación del ferrocarril de Ciudad Juárez para tomar el tren con destino a Jiménez. Apenas lo recuerdo, salíamos a las 7 u 8 de la noche y la travesía duraba como 12 horas. Fueron varios viajes en tren y tengo razones para odiarlo, pero no, no lo odio. La travesía que se debe hacer en a lo más 9 horas, éste la hacía entre 12 y 14 horas.
Ya de grande y con mis primeros sueldos me di "el lujo" de viajar en camiones de primera clase, y uno de los primero viajes fue a los pueblos de donde mis padres eran originarios. Primero visité un pueblo del norte de Coahuila y luego uno el sur de Chihuahua, entre Parral y Jiménez.
En el segundo pueblo, llegué y toda la familia andaba emocionada por la boda de una de mis primas al día siguiente de mi llegada. Hacía mas de 14 años que no veía a mis primos; creo la última vez que los ví fue cuando terminamos 5to de primaria y ese viaje fue cuando recién acababa de terminar mi carrera, esto es, casi 15 años.
Ese día ahí me quedé. Al siguiente día me levanté, me dí un baño, y a pesar de la relación y buenos recuerdos con ellos, tomé el camión que pasa creo a las 8 de la mañana y me fui a la ciudad más cercana a ese pueblo dizque a almorzar. Llegando a la central camionera de esa ciudad, ví muchos camiones con destinos diferentes, y sin conocer ninguno de esos lugares, no la pensé en treparme en uno de ellos; compré una lata de coca cola, una bolsa de papitas y un boleto a Guachochi; de Guadalupe y Calvo no tenía muy buenas referencias. Hablo de 1997, amén ahora con todo el desmadre y matazones en todo el estado, Guadalupe y Calvo ha de ser un Juárez a escala. Ni de la boda de mi prima me acordé; ja, ni me arrepiento ni nunca me sentí mal, no se pregunten porqué.
Al llegar a Guachochi caía una torrecial lluvia y como la central camionera estaba cerrada me refugié en una tienda de abarrotes- mercería- sala de belleza. Cuando la lluvia paró, me dediqué a caminar el pueblo; de un lado a otro, de norte a sur y luego de sur a norte. A un lado del río , por las acequias que atraviesan el pueblo (Lugar de Garzas, en lengua rarámuri) y por una pequeñas cascadas que hay en el centro del pueblo. Me acuerdo aún de la mirada de desconfianza de los soldados apostados en una casona que servía de cuartel.
Me dió hambre y compré una soda con un una torta de semita y luego ya casi al anochecer, busqué un hotel o algún lugar donde quedarme. Terminé en una habitación con un modesto pero funcional y limpio baño con una toalla, un jabor "Rosa Venus" y un rollo de papel de baño, de esos que te raspan bien culero el ano, en fin, cumplía el propósito, no de rasparte el ano sino limpiarlo. Había tambien una cama individual con sobrecamas limpias y una cobija cuadrada de barbitas, como las que había en la casa de mi madre.
Tomé un camión como a la 1 o dos de la tarde y mi viaje continuó hacia Creel.
Han pasado ya casi 11 anos de ese viaje y no he conocido, sentido, o visto lo que la ruta entre Guachochi y Creel ofrecen. Impresionantes vistas de desfiladeros, nieve (así es, nieve) en julio en el estado de Chihuahua, creo el pueblo se llama Samachique; pinos sobre las rocas y sobre todo, la adrenalina de viajar en una carretera tan accidentada (no fea) pero si peligrosa y con curvas por demás cerradas.
Llegué a Creel como a las 6 pm, sin reservaciones, sin alguna llamada telefónica, de dónde estoy, con quién estoy, de dónde vengo o a dónde voy. Libre. Limpio pero con la ropa de como 3 días. Aún en los escalones del camión alcancé a ver el atardecer más hermoso de mi vida, me recordó a los dibujos que hacía en tercero de primaria: un pueblecito con enormes cerros alrdedor, los cerros forrados de pinos y un sol brillante metiéndose entre dos cerros. Parece que aún estoy ahí disfrutándolo.
Caminé el pueblo de punta a punta y sin ganas de ir a meterme entre cuatro paredes empecé a buscar un hotel como a las 8 de la noche; el chipi chipi de esa tarde -noche y la temperatura me invitaban a que durmiese en la plaza principal del pueblo, pero por consejo de un matrimonio formado de estudiantes de antropología de no sé qué universidad de Puebla, que mas tarde llovería más fuerte, busqué un hotel, creo que pagué 55 pesos la noche. Al día siguiente, sólo me mojé la cara y el pelo y me fui a almorzar a una fonda enseguida de las estación del ferrocarril Che-Pe en Creel. Nunca había comido menudo blanco con semitas.
El viaje siguió por Chihuahua Capital, luego Parral y por último ese pueblo cerca a Parral de donde es originario mi padre.
Siempre he recordado con cierto dejo de nostalgia la libertad. que sentí en ese viaje. Cuánta libertad. Cuánta felicidad. Cuánto placer y felicidad da la libertad. El ir o no ir, hacer o no hacer, subirte a ese camión o al otro; el subirte mañana o pasado mañana.....
¿Porqué este post? Empezando la semana que recién terminó, leí el encabezado de esta nota y dije "pinche vieja loca, ha de ser una desadaptada social", pero al acabar de leer la nota completa me guardé la respiración por varios segundos para sólo pensar cuánto la entendía. y cuántas veces estuve y he estado en sus zapatos. Y me gusta esto para concluir este post: "Sólo quería conocer el mundo".
Charro
P.D: .....Y claro, de dí una repasada a varias escenas de Pan y Tulipanes, del cual el tema central por ahí va.
Sr. Charro:
ReplyDeleteMuchas veces leyendo su blog me he dado cuenta que en algunas cosas tuvimos una infancia similar.
Yo también viajé en tren de niña, rumbo a Chihuahua (en ese entonces tenía una tía allá a la cual siempre visitábamos en vacaciones) y para mi era todo un mundo viajar, pero la sensación de ir en el "tranvía" viendo pasar postes y cableado (como si fuese uno al revés) todavía está en mis recuerdos y me provoca un sentimiento muy peculiar de nostalgia.
Ahora ya de grande y sobre todo el último año, viajé sola y si cambia muchísimo la perspectiva no sólo se abre un panorama distinto y cuando uno regresa a su casa, ve las cosas de otra manera totalmente diferente, sino que valora también a su familia y lo poco o mucho que uno ha logrado, pero también por otro lado, esa sensación de convivir con uno mismo y de decidir o no a donde encaminarse es algo que no se compara con nada.
Respecto al artículo de la persona que viajó por tanto tiempo, creo que son pocas las personas que logran desprenderse así por completo de todo para a cambio adquirir otras vivencias y experiencias.
Viajar nunca será tiempo perdido, ni dinero mal gastado. Por mucha o poca que sea la distancia, los paisajes, los aromas, los sonidos y todo lo que uno aprende al salir de la cotidianidad que por lo regular conoce, es invaluable y a final de cuentas las experiencias que uno adquiere y las cosas que uno ve, es lo únicamente lo que al final permanece, lo único que en realidad se puede poseer y se puede uno llevar más allá de esta vida.
Tengo pendiente todavía buscar esa película de Pan y Tulipanes.
Buen inicio de semana y por aquí lo ando leyendo siempre.
Sr. Charro:
ReplyDeleteMuchas veces leyendo su blog me he dado cuenta que en algunas cosas tuvimos una infancia similar.
Yo también viajé en tren de niña, rumbo a Chihuahua (en ese entonces tenía una tía allá a la cual siempre visitábamos en vacaciones) y para mi era todo un mundo viajar, pero la sensación de ir en el "tranvía" viendo pasar postes y cableado (como si fuese uno al revés) todavía está en mis recuerdos y me provoca un sentimiento muy peculiar de nostalgia.
Ahora ya de grande y sobre todo el último año, viajé sola y si cambia muchísimo la perspectiva no sólo se abre un panorama distinto y cuando uno regresa a su casa, ve las cosas de otra manera totalmente diferente, sino que valora también a su familia y lo poco o mucho que uno ha logrado, pero también por otro lado, esa sensación de convivir con uno mismo y de decidir o no a donde encaminarse es algo que no se compara con nada.
Respecto al artículo de la persona que viajó por tanto tiempo, creo que son pocas las personas que logran desprenderse así por completo de todo para a cambio adquirir otras vivencias y experiencias.
Viajar nunca será tiempo perdido, ni dinero mal gastado. Por mucha o poca que sea la distancia, los paisajes, los aromas, los sonidos y todo lo que uno aprende al salir de la cotidianidad que por lo regular conoce, es invaluable y a final de cuentas las experiencias que uno adquiere y las cosas que uno ve, es lo únicamente lo que al final permanece, lo único que en realidad se puede poseer y se puede uno llevar más allá de esta vida.
Tengo pendiente todavía buscar esa película de Pan y Tulipanes.
Buen inicio de semana y por aquí lo ando leyendo siempre.
Pues no mamar mi charro yo tambien me pase una buena parte de mi infancia en el tren Juarez- Jimenez, mi padre nacio en Jimenez y mi madre en un Pueblo llamado Villa Coronado Chihuahua ahi como a 30 minutos de Jimenez; ahora antes estaba como a tres horas de camino en el camion pollero entre Jimenez Y Durango creo
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