Tuesday, June 14, 2005

Ahora recuerdo a David, al Cóndor, a Manuel, a Paco, Horty, a Martín y Jerry (nombres reales y apodos), compañeros de un antiguo trabajo en Juárez, pobres, (ja) que se llegaron a quejar de mi olor, hoy lo sufrí en carne propia, snif.
Hace rato, como 8 años, por las broncas propias de mi incipiente matrimonio, la mamá de mi niño se puso en huelga y dejó de lavarme la ropa por largo tiempo (como 3 semanas, un mes tal vez), y yo por huevón y por andar de niñita diezyseisañera con crisis de depresión, me valía madre (a quien no le ha pasado eso?) y me llevaba la misma ropa hasta tres veces al jale, no seguidas, pero iba a la casa, me quitaba la ropa y al siguiente día me ponía la que ya me había puesto dos o tres días antes, dos o tres veces; los calzones esos, jijos, les daba la vuelta y me los ponía al revés ( ; ( ) eso si, me bañaba y me perfumaba a diario, pero el puto olor a refrigerante, las rebabas de metal y el calorón que se siente en Juárez en mayo, junio y julio no hacían paro, parecía un patas-culo-sobaco andante.

Resulta que hoy me senté junto a un paisa y púfale!, que sarro olía, no mamen!!, culero!. El asunto me pareció que apestaba cuando llegué a la clase (tarde) y la bolita de chavos estaba en un lado y mi paisa estaba solillo, en una mesa, al otro lado del salón, llegué bien inocente y me senté a un lado de el, y putas, a los pocos minutos me daba el patadón a pa-cu-so, bueno, ni los pinches negros huelen tan mal; por no ser tan descortés, no me cambié de lugar, nomás me giré y así lo soporté durante la clase; esas han sido las tres horas más largas de mi día.

1 comment:

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