1. Piojo de Torres.
2. Piojo del Chuco.
Charro
Una bitácora de opiniones personales sobre películas, música, libros y política. También me sirve de buzón de quejas y como contenedor catártico. Bien versátil este blog.
Pisando yo ya los 40’s y la Güera dando sus pininos en los 30’s, recuerdo una de las tantas pláticas por internet entre una muy estimada amiga y yo, donde (me imagino) a modo de consuelo, después de leer toda la retahíla de males, problemas y quejas con los que recibí la tercera década de mi vida, mencionó una frase que siempre tengo muy presente: “Bienvenido a la mejor época de tu vida”. Se lo agradecí no sin antes decirle lo mal que me había ido mi entrada a los 30’s.
Poco antes de cumplir 31 años hacía gala y despliegue de mi buena condición física cada que tenía oportunidad, principalmente en los exámenes médicos: levanta el brazo derecho, ahora el izquierdo; acuéstate; levanta la pierna derecha, ahora la izquierda; siéntate, respira hondo, retén la respiración, ahora suéltala, etc, etc, etc.. En fin, nunca imaginé como cambiaría mi vida de un año a otro.
Retomando y recordando las palabras de mi amiga, no puedo decir que fue la mejor época de mi vida, pero si la época donde la vida me empezó a cobrar mis excesos y empecé a pagar facturas y deudas pendientes; fue ahí donde donde comencé a ver con mas claridad mi destino; a ver y preguntarme qué es lo que quería de la vida, aunque exactamente no sabía bien, ni cómo, ni cuándo, ni dónde; fue ahí donde me di cuenta que no sería el CEO de una compañía transnacional, que no sería corresponsal de guerra de alguna cadena televisiva o que no estaría tocando la guitarra y cantando en un bar, a media luz, con una mesita a un lado y sobre esa mesita un vaso de güisqui escocés con agua mineral, y rodeado de gente escuchando mis canciones (Ja, ni tocar la guitarra sé). Creo también fue ahí donde me empecé a dar cuenta que debería buscar nuevos horizontes, a darme cuenta que México me había dado todo lo que hasta ese momento le era posible darme, pero no más, el resto, lo que me faltaba y yo quería (pero ni yo mismo sabía qué era), yo lo tenía que buscar fuera de sus fronteras.
El pedo fue ese, ahí empecé con los rollos existenciales y ahí empecé con la inquietud de dejar México. Y de si es o no la mejor década de la vida, pues cada quien habla como le fue en la feria. Personalmente, mi vida empezó cuando terminé la carrera y comencé a trabajar y a ganar dinero ya en forma, a eso de los 23 años. Debo decir que cada etapa, época o década tiene lo suyo; bueno y malo, así que cualquier aseveración de ese tipo es cuestionable.
Y de aquella plática chatera para acá, ya ha pasado poco más de un lustro; y de aquella mugre verruga en la sién izquierda y el dolor de espalda que no me dejaba ni siquiera doblarme para ponerme los calcetines o voltear la espalda para limpiarme después de … (sic), la vida sigue cobrando facturas y recordándome cada día que el tiempo dejas huellas, no sólo las arrugas en la cara; que no pasa en vano.
Cronológicamente ahí va forma que se ha ido expresando la sejuela en mi vida:
1. Dolor de espalda. El primer síntoma, una noche después de haber estado levantando pesas como loco.
2. Verruga en la sién izquierda (a un ladito más bien, sobre el cuero cabelludo).
3. Primera advertencia médica para bajarle a la ingestión de grasas.
4. Recomendación para usar lentes (por la miopía y astigmatismo).
5. Pelos gruesos y largos dentro de los orificios nasales.
6. Canas en ambas sienes.
7. Canas en ambos brazos.
8. Pelos en la espalda. No son vellos finitos, chiquitos, de bebé, ¡son pelos gruesos, negros y esparcidos de forma no uniforme por toda la espalda!; ¿Si vieron la película de La Mosca?, pues ni mas, ni menos.
9. Canas dentro de los orificios nasales.
10. Verruga enseguidita del ano. Leíste bien; si, del ano.
11. Verruga en la cabeza (en la nuca, más específicamente).
12. Dependencia irremediable hacia los lentes (no veo un caballo aunque esté a un metro de retirado de mi).
13. La obsesidad se manifiesta en todo su esplendor. De ser 36 de cintura por muchos años, empiezo a usar 38 (Aquí no hubo mucho borlote, una visita al nutriólogo, unas pastillas y una dieta libre de grasas, harina y azúcar me devolvió a mi talla “normal” en 7 días ).
14. Canas en los pelos del bigote.